EMILIA
EN SU LABERINTO
A mi hija Aixa que me contó la historia.
Ejercía como MIR cuando
fuimos a ver a Emilia, me contó Aixa. La anciana llevaba interna más de treinta años y era
visita obligada. Era menuda, de grandes ojos fijos y dueña de un discurso inteligente diferente a todos. Rompía todos los relojes que encontraba en las habitaciones de la planta en la que se encontraba internada. Así las horas de la locura no pueden ser medidas, pues el reloj sólo debe medir las horas de la sabiduría, decía. Se
lavaba continuamente las manos. Ablutomanía nos dijeron. La vida para nuestra
especial paciente tenía una perspectiva bella y extraña. Yo soy yo y mi vacío, decía. Filosofaba sobre el
tiempo y afirmaba rotundamente que solo era un engaño de los dioses y que el mayor
de ellos se aburría de la autoimpuesta tarea de conocerlo todo: pasado,
presente y futuro. Estábamos dejados de la mano de Dios. ¡Qué apetecible es la
ignorancia!, y suspiraba. Durante la visita nos interrumpió cuando pasó un camillero con alguien que había fallecido. Ese ya va en el caballo de San Miguel, dijo.
De vez en cuando coleccionaba moscas de diez en diez para seguidamente aplastarlas doblando unos folios amarillentos que pedía a las enfermeras. Luego a todo el que se acercaba le preguntaba:"¿Y tú qué ves en estas manchas?". ¡No ves nada, imbécil! Es una tontería de mi viejo amigo Rorschach. Después callaba y clavaba sus grandes ojos negros en alguno de nosotros. Entonces seguía
su discurso sobre hombres y mujeres y pontificaba que en ninguno de ellos
existía el menor asomo de caridad, de bondad, ni de justicia, y que el mundo
era ancho, cruel y ajeno. Sostenía que solo los niños merecen el mundo, pero el río del tiempo los empuja a ningún sitio y se pierden en la neblina espesa del recuerdo.
Me atreví a preguntarle
qué debíamos hacer para ser medianamente felices en este obligado encierro
en el que nos encontramos sin haberlo
pedido. Emilia contestó enigmática y con un tono exento de cordialidad: “ ¿Tienes
las llaves? Entonces abre”. Después tragó silencio. Entendí que la vida estaba
en mí y que era yo quien debía confeccionarme un traje hecho a medida para ser
medianamente feliz en este raro planeta azul.
Nos dijeron que
únicamente sonreía cuando su hijo la visitaba los domingos por la mañana. Lo
acariciaba y mimaba todo el tiempo. Luego, cuando se iba, lloraba sin lágrimas
en un largo lamento. Entonces cantaba en voz baja casi inaudible: ' Uno voló al Este, otro voló al Oeste y otro voló hacia el nido del cuco'. Cada uno tiene un destino distinto al de los demás. Después se quejaba: "Hace tiempo hice un transbordo de mí misma hacia no sé dónde y aquí estoy como atracción de feria para estudiantes de Medicina."
Durante la visita la profesora habló del cerebro. Nos dijo que el pequeño ordenador dirige nuestra
vida y que es la parte más grande del encéfalo y que incluye todo lo que está
dentro del cráneo menos el cerebelo y el tronco del encéfalo. También nos
informó de las cisuras del mismo que dividen la superficie cerebral en los
lóbulos frontales, parietales, temporales y occipitales. Y así estuvo hablando hasta que
desconectamos como creyente en misa.
Cuando abandonamos en
colectivo el pabellón de Psiquiatría vimos con cierta sorpresa que todos habíamos volado sobre el nido del cuco.
Granada, 8 de octubre del año 2008
Jacinto S. Martín
Granada, 8 de octubre del año 2008
Jacinto S. Martín
Cuando abandonamos en colectivo el pabellón de Psiquiatría vimos con cierta sorpresa que alguien había volado sobre el nido del cuco.
ResponderEliminarSostenía que solo los niños merecen el mundo, pero el río del tiempo los empuja a ningún sitio y se pierden en la neblina espesa del recuerdo.
ResponderEliminarLa traducción para España ("Alguien voló sobre el nido del cuco") de la película y del libro es literal del término en inglés, pero no recoge cierto sentido que tenía y tiene tanto en la película como en la novela en que ésta se basó. En concreto, en la novela (que aparece narrada desde el punto de vista del Jefe Bromden), ésta es una rima infantil americana que él recuerda. Su abuela decía: «Había tres gansos (u ocas) en la bandada. Uno voló hacia el este, uno voló hacia el oeste y uno voló sobre el nido del cuco». La rima significa que cada uno tiene un destino distinto al de los demás, y así se cumple en el libro y en la línea argumental de la película. Además en Estados Unidos, el "slang" cuckoo's nest es una forma peyorativa de definir un manicomio.6
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ResponderEliminarEl 'slang' cuckoo's nest es una forma peyorativa de definir un manicomio.
ResponderEliminarYo soy yo y mi vacío, decía.
ResponderEliminarDe vez en cuando coleccionaba moscas hasta llegar a diez para seguidamente aplastarlas en unos folios amarillentos que pedía a las enfermeras. Luego a todo el que se acercaba le preguntaba:"¿Y tú qué ves en estas manchas?". ¡No ves nada, imbécil! Es una tontería de mi viejo amigo Rorschach.
ResponderEliminarDespués se quejaba: "Hace tiempo hice un transbordo de mí misma hacia no sé dónde y aquí estoy como atracción de feria para estudiantes de Medicina."
ResponderEliminarEmilia contestó enigmática y con un tono exento de cordialidad: “ ¿Tienes las llaves? Entonces abre”. Después tragó silencio.
ResponderEliminarRompía todos los relojes que encontraba en las habitaciones de la planta en la que se encontraba internada. ¡Hay que matar el tiempo! Se lavaba continuamente las manos. Ablutomanía nos dijeron.
ResponderEliminarUno voló sl Este, otro voló al Oeste y otro voló hacia el nido del cuco.
ResponderEliminarMagnífico cuento. La locura, a veces, es sabia. Pero en lugar de anidar en ella misma, anida en nido ajeno, por eso aprendemos de los locos mientras ellos sufren
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