viernes, 8 de marzo de 2024

JUEVES SANTO, PLAZOLETA DEL CRISTO

 


                JUEVES SANTO...PLAZOLETA DEL CRISTO




               JUEVES SANTO, PLAZOLETA DEL CRISTO



Tarde de primavera. En la plaza, la gente espera la salida del Cristo de la Misericordia. Un hombre en su carrillo garapiña avellanas. Se deshilacha el cielo en cirros rosas. Chirrían las puertas al abrirse y aparece el Hombre a la columna atado. Los costaleros – un solo pulso, una única fuerza, un solo corazón en un ring de zambranas – lo elevan lentamente mientras suena la música. La gente aplaude. Una niebla de incienso dulce lo inunda todo. Jesús, humildemente, cruza la plaza.

 

        A mi hermano Rafael y a su hija Clara


         Un murmurar dulzón garapiñado

         da sabor al azul de primavera.

         Ha gemido de gozo la madera

         y un hombre humilde a la columna atado

 

         cosecha el ansia de la dulce espera.

         No es más que un campesino golpeado,

         que con los ojos bajos, derrotado,

         implora caridad, ¡quién lo dijera!

 

         Fundiéndose emociones y creencias,

         un corazón hecho de blanca cera

         eleva al Cristo sobre las conciencias,

 

         y en la brisa de raso del amor

         surca el Señor la nueva primavera,

         hermano en la besana del dolor.

 

Arahal. Primavera de los años 90.

Jacinto S. Martín


viernes, 16 de febrero de 2024

ANTE EL ÁRBOL DE JUDAS

 

ANTE  EL ÁRBOL DE JUDAS



Al árbol del amor (del mal amor), también se le conoce como árbol de Judea o de Judas, pues cuenta la leyenda que Judas Iscariote se ahorcó colgándose en una de sus ramas después de traicionar a Jesucristo. Asimismo, hay quien le denomina algarrobo loco por su parecido con el árbol del algarrobo. El ciclamor es un ejemplar de hoja caduca. Sus flores aparecen durante el verano antes que sus hojas. Me detuve ante el árbol y pensé en la responsabilidad o el designio irresponsable del discípulo señalado desde la eternidad para cumplir con su traición.




 

ANTE EL ÁRBOL DE JUDAS

 

Se te negó la paz y el dulce invierno,

y el horizonte azul cada verano.

Un beso en desamor es un infierno,

pero es algo perfectamente humano.

Sólo este árbol te acunó fraterno

y supo compasivo ser tu hermano.

Y ocurrió así, porque así estaba escrito:

Maldito ya al nacer y al fin… maldito.


Almuñécar, verano del 90.

Jacinto S. Martín

domingo, 24 de septiembre de 2023

GRANADA SE VISTE DE OTOÑO




GRANADA SE VISTE DE OTOÑO


En mi pensamiento Granada se viste de otoño: toda la gama del rojo, del ocre y del amarillo aparece cuando septiembre sabe a majoletas, azofaifas, serbas, granadas, membrillos y acerolas, que pintan un bodegón efímero en los tenderetes de lona blanca en el Campillo, en la Carrera de la Virgen y frente al palacio de Bibataubín. El membrillo perfuma el aire frío; las acerolas, azofaifas y granadas son sólo gozos de la vista; las agridulces serbas enriquecen el blando tacto antiguo.  El punto rojo de las majoletas cierra el primer párrafo del otoño.

         Un doble ofrecimiento, paralelo al de la tierra, muestran los dulces tenderetes de sultanas, tortas de la Virgen, rosquillas de garbanzos, alpargatas, cordobesas y la blanca ilusión hueca de los  roscos de Loja.

         Todo tiene el sabor cumplido del rito. El viento libre en la carrera solloza entre los árboles. No pueden refrenarlo las enrojecidas manos del castaño de Indias, ni aquietarlo los tilos.

         Luego, preparado el perfume, el color, el sabor, el olor y el nuevo tacto de las cosas, la Virgen de las Angustias abre dolorosamente el tercer escenario del año. Los horquilleros, respetuosamente lujosos, craquean todo el temblor silencioso de la mano-hoja mutilada en el suelo. Las autoridades, grillos mudos, desfilan embutidas en la pequeña vanidad negra del frac. Interminables filas de mujeres y hombres alumbran su propia tristeza con una vela. En mi pensamiento pasa la Virgen y se calma el aire perfumado de nardos.


Granada, 24 de septiembre del año 2023

Jacinto S. Martín

 


miércoles, 13 de septiembre de 2023

LÁGRIMAS DE SEPTIEMBRE

 




LÁGRIMAS DE SEPTIEMBRE

Como cada septiembre, los colegiales lloriquean a las puertas del “cole”. Los grillos anunciaron con su último canto el final del verano. Víctor, mi nieto, también paga con algunas lagrimillas la entrada al centro de enseñanza. Yo quiero mucho a Víctor. Pienso en él cada minuto del día y me pregunto: ¿Qué estará haciendo, mi niño? ¿Ahora estará con la tutora? ¿Ahora estudiará las viejas historias de la Historia? ¿Ahora estará en el recreo jugando al fútbol? ¿Ahora irá al comedor? ¿Qué estará haciendo mi niño? Me duele su ausencia cada hora, cada minuto, cada segundo. Atrás quedó el verano, y el agua transparente del mar, y la visión fugaz de los delfines, y los dientes de espuma de la ola en la playa mordiendo el dorado de la arena, y el baño feliz en la piscina. En  el  recuerdo queda todo, incluso el 9-0 del último futbolín. Tuya es la soledad, tuyo el secreto. Ya no es mágico el mundo, ni los juguetes hablan como falsos guiñoles guiados por tu voz. Lo que era todo de pronto se hizo nada.

¡Víctor, que para siempre quede el cariño con el que estás detrás de mi memoria y que aprendas, para saber del mundo que ahora empiezas a heredar! 

 

LÁGRIMAS DE SEPTIEMBRE


Cuando llega septiembre la tristeza

de los niños apontoca su llanto

 en las puertas del “cole”. Sin el canto

del grillo, ya callado, la viveza

 

se esfumó del mundo, y te has quedado

solo, aunque feliz, al borde del verano.

Seca tu llanto el dorso de tu mano

Y sabes, sin porqués, que te ha tocado


aprender las pesquisas de la historia

para fijarlas después en tu memoria

feliz, segura,  inteligente y fuerte.

 

Cada mañana cuando sale el sol

como el ojo de Dios quisiera verte

en el patio-recreo marcando un gol.

 

Granada, 12 de septiembre del año 2023

Jacinto S. Martín







miércoles, 21 de septiembre de 2022

Niños en el 'cole'

 





NIÑOS EN EL ‘COLE’

 

Alguien posiblemente colgó  de la bóveda azul con un hilo invisible de luz unas algodonosas nubes blancas con las que se adornaban las palmeras de abanico, siempre ancladas en la esperanza y sometidas unas veces al viento del este, otras al viento del oeste. Un punto de luz blanca se había fijado en una de las cúpulas del cercano hotel. Un rumor insistente de niños se dejaba oír permanente y lejano en un horizonte de ilusiones pequeñas, hasta dejar sin voz el rugido del mar cercano que restallaba como un látigo azul en la orilla de la playa. Los cerros, entre luces y sombras, azules y violetas cerraban a lo lejos el escenario semicircular. En el crepúsculo, estos estériles cerros silenciosos apresurarán la noche con su sombra, que - imperceptiblemente - siempre se advierte como un grato declinar.

Aún barquilleaba la luna menguante en el cielo iluminando el verde oscuro del campo cuando vi entrar en el cole al primer alumno. Eran las ocho menos veinte. Su padre lo deja aparcado en el cole, pues él tiene que incorporarse al trabajo. Luego lo recogerá a las 4'30 después de haberlo tenido en el comedor.

¡Demasiado sacrificio callado! 

Al cole, situado a cien metros del mar y rodeado de un extenso campo de aguacates y de chirimoyos, llegaron más tarde, al clarear el día, la mayoría de los chiquillos. Vienen en bicicletas, en motos, en patines, en coches o en autobús. Muy pronto ha amanecido en todas las persianas que miran al oriente. Los han recibido con una canción de Serrat, que se repetía machacona hasta que se formaban las filas. ‘Hoy puede ser un gran día’ repetía la voz ronca del catalán, para grabar en la memoria infantil un mensaje de esperanza para siempre. Dio las nueve campanadas el reloj de  la torre de la iglesia que se alzaba sobre todos los ruidos del pueblo blanco.

La inocencia del mundo se reflejaba en el frágil espejo de los niños. Yo los amo dulcemente, mucho más desde que mi nieto vino para estar entre nosotros. No saben, ¡pobres míos! que cada uno de ellos es un paréntesis que se acaba de abrir. Y sin embargo una inmensa alegría desborda los patios, una dulce y suave alegría septembrina.

A las 11.30 la banda  sonora de Harry Potter abre misteriosa y agradablemente el recreo. El patio-recreo es el declive por el cual se derrama el cielo en el espacioso cole. Gritos, carreras, partidos de fútbol hasta que a las 12 de nuevo la agradable y magistral banda sonora de John Williams cierra los juegos. En un trozo de bocadillo caído una paloma picoteaba su sombra.

Antes de la llegada puntual (14 horas) del autobús escolar que mancha un poco el aire con el gasoil y rompe el silencio aquietado con el  ruido del  motor, da Camila Cabello con su melodiosa ‘Havana’ el aviso del ‘prepárense, listos, ya’. Luego, carreras y chillidos agudos como cantantes de óperas se desatan hasta quedar sentados en el ómnibus que parte rápido… Se cierra otra mañana mientras siguen bailando con el viento las palmeras y sus alargadas sombras.

Y siempre igual, encadenados a la rutina - la noria de los días - los enérgicos niños y los explotados padres se someten al amanecer a una actividad de la mente sin base ni propósito claro.

Almuñécar, 21 de septiembre del año 2022.

Jacinto S. Martín








lunes, 5 de septiembre de 2022

La lluvia artificial de las celindas

 


LA LLUVIA ARTIFICIAL DE LAS CELINDAS





LA LLUVIA ARTIFICIAL DE LAS CELINDAS

No tiene pérdida. Sigues los raíles del tranvía y te llevan a la plaza de la Trinidad. Luego bajas por la calle Tablas y llegas a la Facultad de Filosofía y Letras. No olvides mirar el final de la calle Puentezuelas en donde se ve la gigantesca blancura de Sierra Nevada. En Granada, la sierra es poderosa y cercana.

Seguí las precisas instrucciones y entré en el Palacio de las Columnas, sede de la facultad. A la altura del aula 7 la vi la primera vez. Ella todavía no lo sabe, pero vamos a estar juntos toda la vida, pensé.

Pasé el año 1969 bajo una cadeneta de fiebres en el salón de baile de la gripe. A finales de año tuvieron que operarme de unas hernias en Sevilla Me acompañaba mi  madre. Era diciembre y llovía. 

Le escribí a la rubita de ojos color café, que se perfumaba con Dorée y se cubría con un vestido amarillo ylang-ylang. Desde Sevilla yo pensaba en los ojos color café, café que quitaba el sueño y que producía el desvelo de la cercanía del cielo. La rubita que se iba a casar conmigo, aunque ella todavía no lo sabía, se alegró cuando volví a Granada. Por las tardes bajábamos al sótano del palacete-facultad para repasar los apuntes de las clases de la mañana. La sala de estudios estaba junto a la cafetería. Si mirábamos hacia arriba veíamos un desfile de piernas de quienes pasaban por la calle Puentezuelas.

Al atardecer su risa era un golpe de sal contra mi  boca. Eran horas perdidas y ganadas en el mar de la tarde. Por cada nueva hora que llegaba había otra siguiente que marchaba a perderse en la nada de un tiempo consumido en la felicidad de las miradas. Mientras sus manos 'ajazminaban' los apuntes, contaba con un encanto infantil que, después de llover, ella y sus hermanos se ponían debajo de las celindas y las movían para mojarse de olor y de lluvia. Ardía sin arder la sombra. El tiempo se condensaba feliz… Sólo los relojes iban más lentos los domingos.

 

LA LLUVIA ARTIFICIAL DE  LAS CELINDAS

A la rubita que me acompaña siempre

 

Bajábamos alegres cada tarde

a repasar latín bajo el nivel

del suelo de la calle. Era de miel

el débil rojo occidental en que arde

 

el sol en el ocaso decadente…

Cuando el negro café era dulzura

sus ojos me miraban fijamente

mientras me recordaba con ternura

 

la lluvia artificial de las celindas

y el sabor de la flor atardecida

en la  naciente y fría oscuridad

 

de la noche. Ya la tarde en huída

y ella y yo en la sala adormecida…

Sólo dos era el mundo en la ciudad.

 

Almuñécar, 5 de septiembre del año 2022

Jacinto S. Martín